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Affaccio del Corso

Tropea

Donde termina el Corso, empieza el cielo: el mirador se abre al mar como la proa de un barco.

Affaccio del Corso© Benjamin Smith · CC BY-SA 4.0 — Wikimedia Commons

Camina hasta el final del Corso Vittorio Emanuele, la arteria del casco antiguo de Tropea, y de pronto las casas dan paso a una balaustrada suspendida entre las nubes y el mar Tirreno. Este es el Affaccio del Corso, uno de los miradores más espectaculares de la ciudad. Abajo, el Santuario de Santa Maria dell'Isola parece flotar sobre su islote rocoso, abrazado por el agua turquesa. En los días despejados la mirada llega más lejos, hasta el horizonte, donde se recorta la silueta oscura del Stromboli: el volcán siempre activo de las Islas Eolias, que de noche lanza destellos rojos al filo del agua. Elena, con el diario del abuelo en las manos, reconoce aquí una anotación: "la ruta de la Linterna apunta siempre al escollo". Desde este mirador se entiende por qué: Stromboli y Santuario, fuego y oración, se ven juntos, y la lengua de tierra del Santuario señala el mar abierto. Se dice que Vittorio Mano de Ola alineaba su luz con estos dos faros para no perder el rumbo en la tormenta. El mejor momento para subir aquí es el atardecer, cuando el sol cae tras las Eolias y el cielo se tiñe de naranja y oro. Lleva agua, porque aquí escasea la sombra: pero la vista, por sí sola, vale toda la subida.

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